31.12.06

Puntería certera


Apuntar y disparar no es una habilidad exclusiva del ser humano. Es una estrategia presente en algunas especies. El camaleón y el sapo despliegan raudos su lengua para cazar insectos. Las llamas escupen. La cobra también escupe, esta vez veneno a los ojos. Y, lo más difícil todavía, el pez arquero (Toxotes jaculatrix) emplea elementos extrasomáticos al escupir gotitas de agua para desestabilizar insectos, que al caer al río son capturados por el certero pez. Creo que es el único animal que emplea la puntería (aunque Ardeola striata pesca con cebo, la exactitud en la colocación del cebo no requiere tanta precisión como la caza con proyectil).

Pero tenía la duda de por qué los primates no blanden habitualmente palos ni se arrojan piedras. Duda resuelta. Gracias a Sa Monea me entero de que en situaciones de peligro los chimpancés pueden golpear hasta con un garrote a dos manos, como demostró el zoólogo Adriaan Kortlandt.
Kortlandt colocó un leopardo disecado frente a un grupo de chimpancés. Éstos le lanzaron palos y ramas. El experimento finalizó cuando uno de ellos le arrancó la cabeza de un bastonazo.

Así que los chimpancés usan palos o ramas como arma, más como defensa que como ataque. Respecto a lanzar objetos, además de blandirlos, también lo hacen. Lo que no hacen nunca, o al menos no se ha registrado, es lanzar ningún tipo de proyectil con precisión. A veces pueden lanzar ramas u objetos, en una actitud más de asustar al contendiente que de impactar el objeto contra él.
La diferencia fundamental de seres humanos con chimpancés es la puntería con la que lanzamos los objetos y la versatilidad de las ocasiones en las que empleamos armas, no sólo para la defensa.

La puntería de los humanos y de nuestros ancestros al lanzar proyectiles seguramente está asociada a la precisión con que podemos manejar las manos. Ser capaces de un trabajo manual delicado parece relacionado con ser capaces de acertar un objetivo con precisión. Si ambas habilidades van asociadas, entonces podemos datar la capacidad de lanzar objetos con puntería con los inicios de la industria lítica, es decir, como mínimo hace 2,2 millones de años. Probablemente tiene razón Sa Monea cuando dice que la adquisición de esa precisión fue tan o más importante en nuestra historia evolutiva como el descubrimiento del fuego. La primera manifestación humana detectada en cuanto a cultura material es la talla lítica, que se desarrolla y se diversifica constantemente desde su aparición. Mientras que el fuego llega cuando las tradiciones líticas ya llevan millones de años. Y la flexibilidad de formas y situaciones en que se aplicó la nueva habilidad, gracias a la incipiente inteligencia y al despliegue de memes diversos, la diferencia de la estricta rigidez de la puntería del pez arquero.


Golpear o cazar las presas con piedras o lanzas, o mantener alejados a los depredadores gracias al empleo de proyectiles tuvo que suponer un paso decisivo.
¿Acierto?

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Imagen: Pez arquero (
Toxotes jaculatrix) en pleno disparo.


8 Memes sueltos:

Equilicua dijo...

Los onicóforos arrojan certéramente la secreción en estado líquido a distancias de hasta 30 o 40 cm, la cual en contacto con el aire se coagula, inmovilizando a la presa.

Memecio dijo...

Gracias por la aportación. Lo desconocía. Se confirma que la puntería certera no tiene porqué estar asociada necesariamente con un cerebro grande.

Txema M dijo...

A diferencia de chimpancés y humanos, que sólo podemos arrojar objetos ajenos a nuestro cuerpo, los animales que lanzan su lengua, líquidos secretados por ellos mismos o agua del entorno en el que viven probablemente no necesiten determinar antes de cada disparo el peso del objeto, pues casi siempre serán cargas iguales. Tampoco precisarán determinar los sucesivos cambios de posición del objetivo en el caso de que sólo lancen su carga cuando su presa se encuentre inmóvil (como creo que ocurre en el caso de camaleones y peces arquero.)

Los animales que arrojan veneno a los ojos (algunas serpientes y otros) tal vez lo hagan siempre en la misma posición y en su caso no se trataría tanto de coordinar los movimientos corporales para apuntar sino de ser capaces de aprovechar esos mismos movimientos (cuyo objetivo es lanzar rápidamente la cabeza contra la presa para morderla) para escupir sobre ella.

En nuestro caso, la evolución de la conducta de arrojar piedras y palos probablemente estuvo asociada al éxito en defensa y alimentación (obtención de cadáveres para carroñear) que obtendrían los grupos en los que fueran abundantes los individuos que estuviesen dotados de buenas conexiones neuronales entre las zonas cerebrales encargadas de:

- Coordinar los movimientos corporales precisos para arrojar objetos (que corresponden a partes del cuerpo que evolucionaron sujetas a otras presiones selectivas distintas a la necesidad de apuntar bien.)

- Percibir el peso del objeto a arrojar.

- determinar la distancia al objetivo y sus sucesivos cambios de posición.

- Adecuar la fuerza del lanzamiento al peso y distancia requeridos.

A estas capacidades probablemente deberían añadirse las de seleccionar con rapidez los objetos más contundentes en el entorno o la de proveerse de ellos con antelación.

Todo esto quizás explique la necesaria asociación de la buena puntería con el cerebro grande en nuestra historia evolutiva.

Memecio dijo...

Podríamos llamarle "puntería dinámica".

Mária dijo...

Pues yo tengo muy mala puntería ;)

Memecio dijo...

No desesperes, María, muchas veces es una cuestión de entrenamiento.;)

A Txema M.: tu comentario ha mejorado considerablemente el artículo. Gracias.

Gilgamesh dijo...

Hola Memecio, acabo de descubrir el blog, via Paleofreak, y me está gustando mucho. Sólo quería dejarte este saludo para que te animes a seguir publicando cosas como ésta. Yo soy psicólogo (estoy investigando el aprendizaje de la causalidad) y tengo un blog en el que también trato mucho temas como la inteligencia animal, así que tenemos como mínimo un área común de interés. Que sepas que a los links de Psicoteca vas.
Pasaré por aquí.
¡Un abrazo!

Memecio dijo...

Gracias, Gilgamesh. A ver si los psicólogos detectan de una vez la presencia física de los memes en el cerebro. Se han acercado un poco con lo del "efecto Eureka" (hablaré en un próximo artículo), pero aún falta mucho.
Yo también le echaré un vistazo a tu blog.