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29.1.10

Delfines que crean círculos en el barro

Un grupo de delfines mulares (Tursiops truncatus) de Florida ha inventado un original modo de pescar en aguas poco profundas. Estos delfines baten el fondo marino creando un círculo de barro alrededor de las presas. El círculo actua como una red, recluyendo el objetivo en un espacio cerrado. Los acorralados pececillos intentan saltar el círculo. Pero las mandíbulas abiertas de los delfines están atentas, esperando el bocado que les caerá del cielo.
La sincronía es importante entre el delfín que dibuja el círculo, que es siempre una hembra (no es raro que sea así, pues las "vainas" -como se llama al grupo de delfines de hasta 15 individuos hembras y juveniles- son lideradas por las hembras) y el resto que espera el botín.





Ya conocíamos tradiciones culturales en Tursiops truncatus australianos, también protagonizadas por hembras. Y de una coordinación en la pesca con círculos de burbujas entre sus parientes las ballenas. Acorralar las presas es un fenómeno muy común entre los predadores acuáticos (me da la impresión que mucho más que entre los terrestres). En definitiva, tenemos otra confirmación de la creatividad y diversidad cultural de estos cetáceos.




Banda sonora del artículo: Douha Alia (Cheb Mami, 1990):

1.3.08

Delfines jugando con burbujas

El juego es clave en el proceso de aprendizaje. Puede decirse que el juego consiste en tentativas de innovación en la conducta. Suele haber una correlación positiva entre el grado de juego y el nivel de inteligencia de las especies. Los mamíferos, los seres con el cerebro más desarrollado, son los que más juegan. Pero una vez llegada una edad, el juego deja de producirse, y el aprendizaje se detiene. En chimpancés se ha comprobado que, a partir de un umbral de edad determinado, cuesta mucho más aprender. De hecho, en los primeros años los chimpancés aprenden más rápido que los humanos. Pero normalmente su absorción de nuevas conductas sufre una disminución drástica a los tres años, mientras que los humanos son capaces de aprender toda la vida, si bien es cierto que, con el transcurso de los años, la capacidad de aprendizaje mengua.
Los animales con sus juegos exploran sus límites físicos y sociales, estableciendo las pautas que después marcarán las relaciones adultas. Los humanos tenemos la ventaja de que podemos jugar no sólo con conductas o relaciones sociales, sino también con una diversificada variedad de ideas abstractas, gracias a nuestros desarrollados lenguajes, combinándolas o creando nuevas, para integrarlas, si son útiles de algún modo, en nuestro bagaje cultural.

Pocos ejemplos de juego hay tan bellos como el de este vídeo, en el que delfines -de los grandes sanamente ludópatas del mundo animal- crean anillos de burbujas e interactúan con ellos.



Delfines haciendo anillos de burbujas


Una utilidad de esas burbujas la han aplicado las ballenas, que emplean grandes anillos de burbujas para rodear bancos de peces.